
Ganadores y perdedores en la era libertaria
Trabajadores, pymes industriales y jubilados, principales perjudicados.
Grandes empresas del sector energético y minero, una porción del agro y un puñado de grupos empresarios locales son los primeros beneficiados.
A dos años del inicio del gobierno de Javier Milei, la economía muestra entre sus ganadores a grandes empresas y sectores exportadores y en el grupo de los perdedores a los trabajadores registrados, empleados públicos, jubilados, provincias y sectores productivos orientados al mercado interno.
La desaceleración inflacionaria, principal activo de la gestión macroeconómica de Milei, se combinó con más deterioro social y productivo. El modelo económico, con nuevas reglas —explícitas e implícitas— en materia de precios y (des)regulaciones, consolida un saldo claramente desigual entre quiénes se beneficiaron y quiénes resultaron perjudicados en lo que va de la gestión de.
Un informe reciente del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO) analiza ese reparto a partir de la evolución de la actividad económica sectorial, el empleo y los precios relativos.
En cuanto a los sectores productivos, los ganadores son los primarios exportadores, particularmente agro, minería e hidrocarburos, y regulados. “En el segundo año de gestión se consolida un esquema de precios relativos y rentabilidades que favorece estructuralmente a los sectores y empresarios con mayor poder de mercado, acceso al financiamiento y capacidad de dolarizar ingresos o activos”, explica el informe.
Entre 2024 y 2025, a pesar de la apreciación cambiaria y gracias a las ventajas estructurales, los sectores más beneficiados fueron la agricultura, que creció 17,1 por ciento impulsada por mejores condiciones climáticas y reducciones impositivas (especialmente las retenciones) y las minas y canteras, con un 16,1 por ciento, potenciada por la maduración de inversiones previas (litio) y un marco regulatorio más favorable (el RIGI).
En contraposición, los sectores orientados al mercado interno y trabajo intensivos son los grandes perdedores. “La industria manufacturera, el comercio y, de manera particularmente aguda, la construcción —afectada fundamentalmente por el virtual parate de la obra pública y altos costos en dólares de su actividad— muestran un desempeño muy por debajo de los niveles previos al cambio de gobierno”, sostiene el CESO.
Respecto del período 2022-2023, la construcción cayó un 15 por ciento, la industria un 10,3 por ciento y el comercio, un 6,1 por ciento en el bienio 2024-2025. Este deterioro de la oferta doméstica frente a la competencia importadora se articula con una demanda agregada debilitada por la caída de los ingresos reales.
Según repasan los investigadores, desde 2023 cayeron todos los componentes de la demanda agregada: el consumo privado (2 por ciento) y el gasto público (4 por ciento), mientras la inversión privada se estancó.
Otra consecuencia relevante de la política cambiaria impulsada por el modelo económico vigente es el avance de un proceso de nacionalización de grandes empresas, asociado a un efecto riqueza favorable para los grupos empresarios locales en detrimento de las firmas extranjeras. “Este fenómeno se refleja en casos puntuales, como la adquisición de participaciones mayoritarias por parte de Eduardo Elsztain de compañías mineras de origen canadiense y australiano durante el año 2025, o la compra por parte de PlusPetrol de ExxonMobil Exploration Argentina y sus bloques estratégicos en Vaca Muerta. Saliendo del sector minero, el empresario Francisco de Narváez está en proceso de adquisición de las casi 700 sucursales de Carrefour Argentina. En el sector salud, Swiss Medical, propiedad de Claudio Belocopitt, adquirió el 100% del paquete accionario de la brasileña Diagnóstico Maipú”, sostiene el Ceso.
En reversa, el proceso de inversiones extranjeras en el país alcanzó un mínimo histórico en 2025, que profundizó la tendencia observada un año atrás. La apreciación cambiaria, la elevada incertidumbre, una salida parcial del cepo y la posibilidad de repatriación de capitales explican esta trayectoria.
El empleo
En línea con el desempeño de la actividad, los sectores más afectados por el ajuste y la apreciación cambiaria fueron la construcción y la industria, donde se concentraron las mayores pérdidas de puestos de trabajo a lo largo de los dos primeros años, con una merma acumulada de alrededor de 50.800 y 46.100 empleos hasta septiembre del 2025, respectivamente.
A nivel provincial, la caída del empleo se concentró en las ciudades más grandes y de mayor intensidad en las actividades antes mencionadas: Buenos Aires (-53.000), CABA (-29.300), Córdoba (-10.600) y Santa Fe (-10.400); mientras que Neuquén que concentra parte del auge de las actividades mineras generó 4.400 nuevos trabajadores.
Otro rasgo a destacar del mercado laboral es la caída sostenida del empleo registrado, parcialmente compensada por un aumento del empleo informal. En ese marco, ganaron peso las modalidades laborales vinculadas a las plataformas digitales (Uber, Cabify, Rappi o emprendedorismo vía e-commerce).
En 2025, la tasa de desempleo se ubicó por encima de los niveles de fines de 2023, aunque mostró una leve recuperación respecto de los picos alcanzados a finales de 2024. Esta aparente “estabilidad” en el nivel de empleo se explica en buena medida por un deterioro en su calidad: desde el cambio de gobierno se incorporaron alrededor de 300.000 trabajadores al empleo informal.
Al interior del mundo del trabajo, en términos de las retribuciones, las pérdidas tampoco fueron homogéneas. “A nivel agregado, el período estuvo caracterizado por una recuperación parcial pero insuficiente y desigual de los ingresos reales, que no logró revertir plenamente las pérdidas iniciales y que profundizó brechas preexistentes entre distintos grupos de trabajadores”, sostienen desde el CESO. La primera diferenciación relevante se observa entre los salarios del sector privado registrado (que cayeron 1 por ciento), virtualmente estancados, y los del sector público (menos 14 por ciento), con una pérdida pronunciada.
“Los salarios públicos siguen perdiendo terreno, los trabajadores formales privados apenas se recuperaron y el crecimiento del empleo informal —en un proceso de “uberización” del mercado laboral— se consolidó como uno de los rasgos estructurales del período. Mientras tanto, jubilados de la mínima, obra pública, beneficiarios de subsidios, provincias y universidades han absorbido una parte sustantiva del costo del equilibrio fiscal”, indica el informe.