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La quiebra de tres grandes empresas agro en Argentina complica el apoyo del campo a Milei en plena caída de reservas

El final del año deja una sorprendente subida del dólar tras meses de apreciación del peso, las reservas netas negativas igualan las del final del mandato de Alberto Fernández y varias multinacionale

La quiebra de tres grandes empresas agro en Argentina complica el apoyo del campo a Milei en plena caída de reservas

El final del año deja una sorprendente subida del dólar tras meses de apreciación del peso, las reservas netas negativas igualan las del final del mandato de Alberto Fernández y varias multinacionale

El final de 2024 en Argentina ha sido económicamente muy agitado, al punto que, por primera vez desde que llegó a la Casa Rosada, surgen las primeras dudas sobre el salvaje plan de ajuste del ultra Javier Milei para levantar una maltrecha economía desde 2018; un plan que mantiene al libertario con elevada popularidad y que le ha permitido anular cualquier alternativa a su liderazgo por la derecha, dejando toda la oposición en solitario a la expresidenta peronista Cristina Fernández de Kirchner.

En teoría a Milei le cuadran los números de manera increíble. En la práctica, el presidente tiene motivos para estar inquieto en 2025. Una cara y una cruz que concluyó el curso con default de empresas agrícolas, con una espectacular caída de reservas y un incremento de la brecha cambiaria, justo cuando arrancan las vacaciones de verano para millones de argentinos. 

A mediados de diciembre pasado todo era euforia. Al control de la inflación tras dispararse ésta un año antes, en diciembre de 2023, nada más asumir Milei el poder y decretar una devaluación de más del 100% del valor del peso, se le unió el éxito en otros indicadores como la obtención de superávit, el recorte de la brecha cambiaria o la significativa reducción del riesgo-país.

Y más cosas buenas para el libertario: la devaluación de diciembre vino acompañada un carry trade o bicicleta financiera, una estrategia para mantener tasas reales positivas en pesos permitiendo a inversores tomar préstamos en dólares, invertir en bonos argentinos -estimulados por las tasas positivas por encima del 2%- para recomprar de nuevo dólares. Una operación muy compleja de entender si se vive fuera de Argentina que ha sido muy recurrente a lo largo de la historia reciente del país austral y que ha dejado pingües beneficios en los últimos meses a inversores y especuladores.

Los mercados han sido una fiesta, recuerda Federico Kucher en Página/12: “El balance financiero de este año deja números impactantes. La bolsa porteña subió más del 170% y algunas de las empresas argentinas que cotizan en Wall Street anotaron aumentos de hasta casi 280%. Los inversores de las acciones energéticas y de los bancos llegaron a este punto con una sonrisa de oreja a oreja”.

Pero el carry trade también es una operación muy arriesgada que puede estar yéndose al traste en las últimas semanas. El lunes 30 de diciembre, el dólar blue, la divisa paralela, se disparó por encima de los 1.200 dólares, tendencia que ha continuado este jueves 2 de enero, agravándose una brecha bancaria que parecía estar a punto de cerrarse. Estos días Argentina sale un poco más barata a quien opera con divisas extranjeras en el mercado alternativo, a quien pueda conseguir dólares o euros.

Simultáneamente, se producía una caída de reservas de casi 2.000 millones de dólares. Aunque el Banco Central de la República Argentina (BCRA) achaca el descenso a movimientos de cartera de los bancos para cumplir con sus obligaciones al cierre del ejercicio, la realidad es que las reservas netas negativas son aproximadamente 10.000 millones, la misma cantidad que cuando Alberto Fernández venció su mandato con Sergio Massa como titular de Economía. 

La bicicleta financiera es, además, frágil: exige que los activos o bonos sean rentables y que no se produzca una devaluación; la devaluación tras el carry trade de 2018 dejó un agujero de 50.000 millones, provocando una estampida de los inversores y un rescate del FMI por esa misma cantidad, un préstamo en el que muchos apuntan a la mano de BlackRock. Fue tan duro ese rescate que 2018 marca en Argentina el inicio de la crisis actual.

Dos de los principales actores políticos de ese cataclismo, Federico Sturzenegger y Luis Caputo, ex presidentes del Banco Central, son ahora los titulares de Milei de Economía y de Desregulación y Transformación del Estado, respectivamente. 

El problema se traslada al campo

La apreciación del peso estimula las compras de los argentinos en el exterior, adonde sale más barato cualquier cosa. Las carreteras hacia Chile y Uruguay están colapsadas, así como los vuelos a Brasil, con playas más cálidas. Pero, como apunta el economista Pablo Tigani, “la política cambiaria, trazada para sujetar la inflación, está generando un ambiente desfavorable para los sectores productivos nacionales, ya que, con el peso fuerte, la competitividad de Argentina frente a mercados internacionales se ve erosionada”.

En este contexto, la caída del precio internacional de la soja y las retenciones de las exportaciones han generado una tormenta perfecta en el campo junto a la revalorización del peso. En diciembre entraron en default Grobo Agropecuaria, Agrofina y Surcos, incapaces de renovar sus vencimientos de deuda.

Resulta que el sector del campo es un firme partidario de Milei, que a su vez considera que el sector industrial ha sido amamantado durante décadas por el peronismo en detrimento de los recursos naturales de Argentina evocando la falsa creencia de que este país fue el más rico del mundo hace un siglo (nunca lo fue) gracias a la pujanza de sus cosechas y sus minerales bajo tierra. En su primer año, el ultra libertario bajó los impuestos a las importaciones de productos industriales y se ausentó de la conferencia anual de la Unión Industrial Argentina (UIA). Así que el golpe al agro genera, como poco, desconcierto. En los análisis se habla del temor a un efecto dominó que se extienda por toda la economía.

Toyota prefiere dólares a pesos

Ya está extendiéndose. “Con Javier Milei no vienen inversiones; se fueron al menos ocho multinacionales de la Argentina: HSBC, Xerox, Clorox, Prudential, Nutrien, ENAP, Fresenius Medical Care y Procter & Gamble”, tuitea Tigani. Y la última semana del año, la multinacional Toyota se apeó del esquema de carry trade ante la subida del dólar obligando al BCRA a desprenderse de 600 millones en reservas en un solo día.

La inestabilidad en el horizonte es absoluta. La inminente llegada de Trump a la Casa Blanca debería de estrechar la relación entre Argentina y su principal acreedor, el FMI. Pero el proteccionismo rampante, la aplicación de aranceles, la batalla comercial con China o la devaluación del real brasileño -Brasil es el socio comercial argentino por excelencia- solo traen nubarrones. Argentina vive cada día como si fuera el último.

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